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El Día del Periodista: entre la tradición y la ley

Por Jhonny Saavedra B. (presidente del CPP)

Cada año, cuando el calendario marca el 9 de febrero o el 4 de agosto, vuelve a surgir la misma discusión en las salas de redacción, en las facultades de comunicación y entre quienes hemos dedicado nuestra vida al periodismo: ¿cuál es el verdadero Día del Periodista en Colombia? La respuesta jurídica parece sencilla, pero la respuesta emocional, histórica y profesional es mucho más profunda.

El 9 de febrero ha sido, durante generaciones, la fecha con la que los periodistas colombianos nos hemos identificado. No es una celebración surgida al azar. Ese día de 1791 comenzó a circular el Papel Periódico de la Ciudad de Santafé de Bogotá, dirigido por Manuel del Socorro Rodríguez, considerado uno de los padres del periodismo nacional. Aquel acontecimiento simboliza el nacimiento de la prensa en Colombia y el inicio de una tradición que ha acompañado a cientos de generaciones de periodistas. Durante décadas, esa fecha fue asumida por medios de comunicación, universidades, gremios y ciudadanos como el día para reconocer una profesión que ha sido fundamental en la construcción de la democracia.

Con la expedición de la Ley 1016 de 2006 apareció una nueva conmemoración: el 4 de agosto, en homenaje a Antonio Nariño y a la publicación de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, un acto que representó un desafío al poder colonial y una férrea defensa de la libertad de pensamiento. Nadie puede desconocer la trascendencia histórica de ese episodio ni el inmenso legado de Nariño para la libertad de expresión.

Sin embargo, reconocer la importancia de ese hecho histórico no significa que deba reemplazarse una tradición profundamente arraigada en la profesión. Las leyes tienen la capacidad de crear fechas oficiales, pero difícilmente pueden modificar el sentido de pertenencia construido durante décadas. Las tradiciones no nacen de un decreto; se consolidan con el tiempo, con la memoria colectiva y con el reconocimiento espontáneo de quienes hacen parte de una comunidad.

Por eso, la inmensa mayoría de periodistas continuamos sintiendo el 9 de febrero como nuestro verdadero día. No porque se desconozca la legislación vigente ni porque se reste importancia al significado del 4 de agosto, sino porque esa fecha representa el origen mismo del ejercicio periodístico en Colombia. Es el día en que se recuerda el nacimiento de la prensa nacional, el punto de partida de un oficio cuya esencia ha sido informar, investigar y servir a la sociedad.

Quizá el debate no debería centrarse en cuál fecha tiene mayor respaldo legal, sino en cuál representa mejor la identidad de quienes ejercemos el periodismo. Y en ese aspecto, la tradición tiene un peso que ninguna norma puede ignorar. El periodismo también se construye con memoria, símbolos y legado, y el 9 de febrero hace parte de ese patrimonio intangible que ha pasado de generación en generación de periodistas. No tiene sentido celebrar dos días en el año el día del periodista.

*Imagen creada con IA






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